Quisiéramos comentar en esta nota los criterios generales empleados por el Comité de Traducción en esta versión que, tras cinco años de trabajo, llega por fin a los lectores de habla hispana.
Sobre el proceso de traducción y verificación
El presente volumen es la traducción al español de The Writings of Nichiren Daishonin, publicado por la Soka Gakkai en 1999. Dado que Nichiren Daishonin escribió sus textos en japonés, la versión española traducida del inglés ha sido sometida a un proceso de verificación por parte de los coeditores en Tokio, no sólo para subsanar cualquier imprecisión derivada de una traducción indirecta, sino también para lograr un tono que reflejara adecuadamente el de la obra original. Así pues, este cotejo exhaustivo se ha llevado a cabo tomando como referencia los Escritos completos de Nichiren Daishonin (Gosho zenshu, en japonés), publicado por la Soka Gakkai en 1952.
Dicha verificación comparativa, que implicó llegar a un consenso final con respecto a no pocos términos de traducción problemática, ha representado un arduo desafío para el Comité de Traducción y, a la vez, ha dado a la presente edición la que acaso sea su peculiaridad más distintiva.
Sobre la diversidad del español y el lenguaje usado en la traducción
Otro de los retos que ofreció la traducción fue sortear los escollos de una lengua versátil y en proceso de expansión, empleada en más de veinte países con culturas e identidades diferentes, y con un importante acervo de localismos. Se procuró emplear un español internacional, libre de expresiones regionales, pero sin que este afán convirtiera la traducción en un híbrido insulso o carente de riqueza literaria. Para ello, el Comité de Traducción ha tenido en cuenta las recomendaciones y conclusiones de los últimos congresos de la lengua española, así como las sugerencias de las autoridades más prestigiosas en materia de normativa y uso de la lengua.
Con el deseo de que este texto budista original pueda ser leído y comprendido ampliamente, trascendiendo las diferencias de cultura y de nacionalidad que encuadran el mundo de habla hispana, en la labor de edición se hizo de la universalidad una verdadera regla áurea. En este sentido, el profesor Carlos Rubio, de la Universidad Complutense de Madrid, se aplicó a supervisar los escritos con solvencia, talento y generoso entusiasmo.
Sobre el empleo de pronombres personales
La diversidad del español contemporáneo se aprecia claramente en el empleo de pronombres personales y conjugaciones verbales diferentes según el país. De tal suerte, en el español actual coexisten el «vosotros» ibérico y el «ustedes» de las Américas; el «tú» y el «usted», junto al «vos» rioplatense...
Por su parte, Nichiren Daishonin siempre utilizaba un tratamiento respetuoso y formal para dirigirse a sus seguidores y discípulos, sin hacer distinciones de género o de clase social.
Ante la necesidad de reflejar este rasgo distintivo en un español universal, la mayoría de los pronombres personales empleados por el Daishonin han sido traducidos como «usted» y «ustedes». En cambio, en las citas de los sutras y tratados antiguos se utilizó el «vosotros», para subrayar su carácter arcaico con respecto a la época en que vivió Nichiren Daishonin.
Sobre los títulos originales de los escritos contenidos en este volumen
Al término de los textos traducidos, se ha incluido el Apéndice A donde el lector encontrará, junto a cada título en español, el correspondiente título en japonés y la página en que este figura en la edición original —Escritos completos de Nichiren Daishonin, publicado por la Soka Gakkai en 1952—. Confiamos en que esto facilite el estudio o la consulta a los lectores de habla japonesa.
Sobre los aspectos técnicos de la traducción
El lector observará que se han traducido muchos nombres y expresiones que, en la terminología budista anterior, solían mencionarse en japonés; no sólo conceptos filosóficos como ichinen sanzen («tres mil aspectos contenidos en cada instante vital»), gohyaku-jintengo («kalpas numerosos como las partículas de polvo de incontables grandes sistemas planetarios») o itai-doshin («distintas personas con un mismo propósito»), sino incluso nombres de escuelas, como Shingon («Palabra Verdadera») o Ritsu («Preceptos»); toponímicos como «lago Munetchi» («lago Libre de Calor»); y nombres de personajes, budas y bodhisattvas, como Fukyo («Jamás Despreciar»), o Kishimojin («Madre de las Demonios»).
Al respecto, no hemos hecho más que seguir el criterio empleado en la versión inglesa, The Writings of Nichiren Daishonin, editada por la Soka Gakkai en 1999.
En el Glosario, el lector hallará la denominación con que estos términos pudieron haber aparecido, con anterioridad, en distintos textos y publicaciones budistas. Algunos casos excepcionales, como «rey Sen’yo» o «rey Dammira», por ejemplo, aparecen con su expresión fonética en japonés, sin traducir al español, debido a que el significado original chino es confuso o a que se desconoce el nombre de origen en sánscrito.
Como nota especial, el término japonés hobo, que en la terminología antigua solía mencionarse como «calumnia» y en la versión inglesa ha sido traducido como slander, aparece en esta edición como «actos o acciones contra la Ley», expresión más amplia, ya que no se limita a conductas puramente verbales (como el acto de «calumniar» o «difamar» en sí), sino también físicas y mentales. Pero según el contexto, el lector también encontrará, junto con «actuar contra la Ley», expresiones sinónimas como «denigrar la Ley» o «denigrar la enseñanza correcta». En los casos en que la hostilidad es claramente verbal, se lo ha traducido como «calumniar», «difamar», «injuriar», etc.
El término japonés kokoro, de compleja traducción, aparece en este volumen como «vida», «mente», «capacidad espiritual» o «corazón», según el contexto. No se refiere a la «mente» como función intelectiva, ni al «corazón» como mera función emocional, sino al ser esencial más profundo.
Sobre los signos cíclicos y las horas del día
En las indicaciones sobre la fecha y hora de diversos acontecimientos y escritos, el Daishonin incluye «signos cíclicos» —como kanoe-saru, tsuchinoe-uma y otros—, así como menciones a la «hora del jabalí», la «hora del dragón», etc. Esto remite a un antiguo sistema de medición de origen chino, que constaba de dos secuencias de caracteres chinos: una de diez unidades, llamadas «tallos» o «troncos»; otra, de doce unidades, llamadas «ramas». Ambos conjuntos se combinaban para formar un ciclo de sesenta signos, generalmente conocido como «ciclo sexagenario» o «zodíaco chino», que permitía contar los años. Véase el Apéndice I.
Con respecto al cálculo de las edades y a las unidades de medida, en el Japón, desde la Antigüedad hasta 1950, se consideraba que los recién nacidos tenían un año; cada Año Nuevo se agregaba un año a la edad. Todas las edades consignadas en este volumen están calculadas con arreglo a este método tradicional. A excepción de algunos casos ligados al sentido común y a la comprensión del texto, las antiguas unidades de medida aparecen sin convertirse, en su idioma original (yojanas, shos, ris, etc.) y pluralizadas; en notas al final del capítulo, el lector encontrará las equivalencias con el sistema métrico actual.
Con respecto a la adaptación gramatical de las citas, cabe señalar que, en el texto original en japonés, las citas de obras clásicas chinas aparecen en forma abreviada, sin ninguna referencia directa al sujeto de la oración o al tiempo de la conjugación. Sin embargo, aquí —al igual que en la versión inglesa— se ha adecuado la redacción para que al lector le resultara comprensible. En algunos casos, se ha evitado la inclusión de corchetes, para que estos ajustes no afectaran la fluidez de la lectura. A su vez, por las exigencias estilísticas y gramaticales del español, menos flexibles que las del inglés, en ciertos casos ha sido necesario transponer los tiempos verbales o adecuar las conjugaciones. En general, estos pocos cambios se han aclarado mediante notas al pie.
A su vez, para eliminar toda posibilidad de confusión y asegurar una interpretación correcta, en las citas o diálogos que se extienden a lo largo de dos párrafos o más, se ha usado la comilla de seguir (») a comienzo de párrafo, para indicar al lector que el texto es continuación de la cita anterior o que es expresado por el mismo personaje que venía hablando en el párrafo precedente.