Lo que denominamos fe no es nada fuera de lo corriente. La fe significa depositar nuestra confianza en el Sutra del loto, en Shakyamuni, en Muchos Tesoros, en los budas y bodhisattvas de las diez direcciones, y en los dioses celestiales y deidades benevolentes, y entonar Nam-myoho-renge-kyo del mismo modo que una mujer ama a su esposo, que un hombre sacrifica la vida por su esposa, que los padres son renuentes a abandonar a sus hijos o un niño se niega a alejarse de su madre.
Y no sólo eso; uno debería reflexionar sobre los pasajes del sutra que dicen: «Descartando honestamente los medios hábiles...»1 y «No aceptar una sola estrofa de los demás sutras»,2 sin siquiera pensar en alejarse de ellos, tal como una mujer rehúsa desprenderse de su espejo o como un hombre lleva siempre su espada.
Respetuosamente,
Nichiren
En el decimoctavo día del quinto mes.
Respuesta a la monja laica Myoichi
Antecedentes
Esta carta fue escrita en Minobu, el quinto mes del tercer año de Koan (1280). La monja laica Myoichi vivía en Kamakura y era parienta de Nissho, uno de los seis discípulos principales de Nichiren Daishonin. Creyente sincera, culta e instruida, padecía problemas de salud. A su esposo, que también era creyente, le habían confiscado sus feudos a causa de su fe. Tras la muerte del marido, la monja laica quedó sola a cargo de dos hijos pequeños, pero a pesar de las numerosas dificultades que enfrentó, siempre permaneció fiel al Daishonin.