Acabo de saber que ha nacido su hija. ¡Felicitaciones! Hoy, en especial, es el octavo día del mes. ¡No sólo han tenido un hijo, sino que ha nacido en un día tan auspicioso como hoy! Por fin se ha concretado su deseo, tal como la marea cuando alcanza su punto más alto o como los capullos cuando florecen en la campiña primaveral. Por eso, sin dilación, he escogido un nombre para ella. Por favor, llámenla Tsukimaro.
Es más, el gran bodhisattva Hachiman, deidad soberana de este país, nació en el octavo día del cuarto mes. A su vez, el buda Shakyamuni, señor de las enseñanzas en este mundo saha, nació en el octavo día del cuarto mes. Su hija también nació en un octavo día, aunque de un mes diferente. Bien podría ser la reencarnación del buda Shakyamuni o de Hachiman. Como soy un hombre común, no tengo modo de saberlo con certeza, pero estoy convencido de que este nacimiento se ha llevado a cabo de manera tan auspiciosa gracias al agente protector que alcancé a enviarle.1 ¡Cuán felices han de estar, ahora que son padres! Para celebrar, han tenido la bondad de obsequiarme tortas de arroz, sake y mil monedas. Se lo he transmitido, además, al objeto de devoción y a las diez demonios.
Cuando el Buda nació en este mundo, se produjeron treinta y dos fenómenos auspiciosos,2 tal como lo documenta una obra titulada Registro de los prodigios mencionados en el libro de Chou. Inmediatamente después de su nacimiento, el buda Shakyamuni dio siete pasos, abrió la boca y pronunció las siguientes palabras, expresadas en dieciséis caracteres: «En todo el cielo y la tierra, soy el único digno de respeto. Los tres mundos son un escenario de sufrimiento, dolor del cual salvaré a todos los seres vivos». Tsukimaro ha de haber entonado Nam-myoho-renge-kyo con su primer llanto. El Sutra del loto explica «el verdadero aspecto de todos los fenómenos».3 T’ien-t’ai afirmó: «La voz lleva a cabo la tarea del Buda».4 Esta es también mi convicción. Los sordos no pueden oír el trueno, y los ciegos no pueden ver la luz del sol ni de la luna. Pero estoy seguro de que las diez demonios estarán juntas, una al lado de la otra, dándole a la niña su primer baño y velando por su crecimiento.
Quiero felicitarlos de todo corazón. Me imagino su inmensa alegría. Con todo respeto, he informado este acontecimiento a las diez demonios y a la Diosa del Sol. Mi emoción es tan grande que no me deja seguir escribiendo. Volveré a hacerlo más tarde.
Respetuosamente,
Nichiren
Respuesta a Shijo Kingo
198Antecedentes
Esta carta fue escrita en Kamakura a Shijo Kingo y a su esposa, Nichigen-nyo, el octavo día del quinto mes, octavo año de Bun’ei (1271). Es la respuesta de Nichiren Daishonin al informe que Kingo le había enviado sobre el nacimiento de la primera hija de la pareja; en ella, además, le otorga un nombre a la pequeña, en respuesta al deseo de sus padres.
El día anterior, Nichigen-nyo había recibido del Daishonin un agente protector que le aseguraría un parto fácil, y una pequeña carta de aliento, titulada Un parto fácil para un niño afortunado (pág. 195). Nichigen-nyo dio a luz a una niña un día después de recibir esa carta. El Daishonin le puso el nombre de Tsukimaro o «Luna Llena». La segunda hija de la pareja nacería poco después, en el otoño de 1272, y el Daishonin la llamaría Kyo’o o «Rey de los Sutras».
Notas
1. El empleo de agentes protectores era una práctica común en las escuelas budistas del Japón feudal. Por lo general, este agente consistía en las figuras o las palabras de budas, bodhisattvas o deidades, escritas en papel o en madera. Luego, se las colocaba en algún lugar de la casa, se las adhería al cuerpo o, si estaban hechas de papel, se las ingería. A veces, el agente protector consistía en hierbas trituradas que podían disolverse en agua y beberse. Se desconoce el formato que el Daishonin dio a este agente protector en particular.
2. Fenómenos auspiciosos, mencionados en el Sutra de los hechos maravillosos del Buda en existencias anteriores, acaecidos cuando el buda Shakyamuni hizo su aparición en esta tierra.
3. Sutra del loto, cap. 2.
4. Profundo significado del «Sutra del loto».